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Los días de mi caída

Capitulo I; Calles Oscuras

Mis pasos ahora son pesados, no para mi cuerpo, sino para mi alma, consegui la redención?, el perdón de alguien?, nisiquiera consegui el mio, a quien engaño?.

Mi gente ya no esta, nunca la tuve, mis amigos se han ido; solo hice unos cuantos, y la vida me ha hecho pagarle; jamás saldare mi deuda. Exactamente en aquella esquina, hace 22 años, escribi mi nombre en la historia y en la lista de los condenados al infierno. Hoy intento comprender, encontrar un culpable, una razón, un hombre me pide una moneda, yo le doy 10. Cerca de llegar el siguiente dia, no tengo a donde ir, no esta noche, a donde valla, mis pecados me seguirán.

Estas oscuras y vacias calles, tranquilizan mi espíritu, como un corsel calma su sed en un puro riachuelo a la orilla de un camino, antes de seguir su viaje, de nada sirve que esta calma me llene el alma, pues no tengo un camino, no tengo nada.

De pronto, un andar acelerado de varios individuos, y algunos timidos intentos por pedir ayuda de una dama interrumpen mis dolosas reflexiones.

No se en que estaba pensando, porque, nunca he sido un caballero, siempre retraido a mi mismo, e introvertido como pocos, poco efusivo, y frio en general, pero ver a aquella dama sufriendo, mas que tristeza, me causaba curiosidad al principio, asi que decidi actuar.

Que mas podía hacer para ayudarla?, después de todo solo conozco una profesión, aveces maldigo el dia en que la aprendi, decidi matar a aquellos que trataban de hacerle daño, como siempre el impulso de adrenalina y la idea en mi mente funcionaron como uno, y mi brazo levanto mi arma, mas como reflejo que como acción, del resto, no tiene caso hablar.

-Esta bien señorita?

 Le dije parado junto a ella, me miro como mirando a un mounstro, a un esperpento de alma , no estaba muy alejada de la realidad. Su rostro palido denotaba una exquisita combinación entre temor, satisfacción y esa característica sonrisa del ser humano para agradecer un favor. Como no me contesto decidi dejarla ahí, comencé a alejarme de aquella calle.

 -No tengo a donde ir- dijo con un tono de reproche

-No tengo a donde llevarte- le respondi

-Mataste a quienes debían encargarse de mi

Ahora no se que hacer, no se en que estaba pensando, en verdad, no lo se.

Ahora camina a mi lado, saca de su bolso un cigarrillo y lo pone en su boca

-Tienes fuego?,- me pregunta sin siquiera mirarme a los ojos.

-No

El imponente silencio se ve interrumpido por el sonar de sus tacones, uno tras otro

-Donde vives?-le pregunte

-Donde mis señores lo dispongan, pero, acabas de pegarles un balazo, creo que ahora soy libre

-No puedes venir conmigo

-Y a donde ire?, me lo debes

Inconforme con la situación, la lleve a casa

-Coleccionas todo este polvo?-me cuestiono-Y que hay de tantos libros?, eres escritor?, que haces para vivir?

¿Qué hago para vivir?; eso no es lo importante, lo importante, es que hice para sobrevivir, de que me arrepiento tanto, mi mente oscureció su juicio, y comencé a hablar con ella.

No debi haberlo hecho.